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Estudiando opciones

Formas jurídicas/
Formas jurídicas
A la hora de decidir la forma jurídica que vamos a adoptar debemos elegir aquella que mejor se adapte tanto a las características del proyecto empresarial como a las características personales de la persona promotora o de las personas promotoras. Aunque no es fácil establecer unos criterios generales, ya que cada proyecto tendrá unas características propias, se podrían citar como aspectos a tener en cuenta en el momento de efectuar la elección los siguientes:
  • Tipo de actividad que se va a ejercer. La actividad que vaya a desarrollar la empresa puede condicionar la elección de la forma jurídica en aquellos casos en que la normativa aplicable establezca una forma concreta. Por ejemplo, las agencias de viajes deben ser sociedades limitadas o anónimas. En materia de formación, hay muchas empresas que se constituyen como cooperativas, etc.
  • Número de promotores/as. El número de personas que intervengan en el lanzamiento de una nueva empresa también puede condicionar esta elección, ya que, en algunos casos, se exige un número mínimo y máximo. Así, cuando sean varias las personas promotoras, es aconsejable constituir una sociedad.
  • Capital social. No todas las formas jurídicas exigen disponer de un capital inicial (empresario/a individual, comunidad de bienes), otras exigen un capital social mínimo al constituirse ( S.L.: 3.005,06€; S.A.: 60.101,21€; Sociedades Laborales) y en otras serán los/as socios/as quienes determinen la cantidad en los estatutos (Cooperativas).
  • Responsabilidad patrimonial de las personas promotoras (Frente a terceros). Este es un aspecto muy importante, dado que en función de las responsabilidades que las personas promotoras estén dispuestas a asumir en el desarrollo del proyecto empresarial podemos optar por una forma jurídica u otra. La responsabilidad puede estar limitada al capital que se aporte o ser ilimitada y afectarle tanto al propio patrimonio personal como al de la empresa.
  • Requisitos de constitución. Las formas societarias mercantiles son siempre de constitución mucho más compleja que las civiles o la figura de empresario/a individual.
  • Necesidades económicas del proyecto. La dimensión económica del proyecto que queremos desarrollar y la necesidad de la participación de varias personas en éste, también influye en la elección. De precisar una gran cantidad de dinero, lo más apropiado es una sociedad. De igual forma, cuando el capital social supere una cierta cantidad, la elección parece clara: las sociedades que limiten la responsabilidad de socios/as y tengan un capital social superior a los 300.000 € deberán adoptar la forma de sociedad anónima.
  • Aspectos fiscales. Los resultados previstos en el ejercicio de la actividad empresarial y la contribución fiscal que se vaya a efectuar por ellos también influyen en esta elección. Por esta razón, será necesario estudiar los costes fiscales que la empresa ha de soportar, ya que las sociedades tributan a través del impuesto de sociedades, en el cual el tipo impositivo es único, mientras que los empresarios/as individuales o autónomas/os tributan a través del impuesto sobre la renta de las personas físicas, en el cual el tipo impositivo es proporcional a las rentas obtenidas.
  • Régimen de Seguridad Social. Dependiendo de la forma jurídica elegida el régimen de cotización a la Seguridad Social de los/as socios/as trabajadores/as puede variar. Este es uno de los criterios más significativos a tener en cuentas en el caso de ser varios/as socios/as, ya que de ello dependerán aspectos como costes salariales, derechos y obligaciones sociales de los/as socios/as….


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